Soy
Tomás Ortiz. Nací en Madrid en enero de 1978. Desde pequeño sentí una inclinación casi enfermiza hacia la literatura: con tan sólo ocho años, mi regalo preferido siempre era un nuevo libro de la
colección Barco de Vapor, cuyos principales títulos devoré hasta sabérmelos casi de memoria. Mi sueño era poseer la colección completa, pero sólo llegué a atesorar varias decenas de ejemplares.
A los 10 años, me enamoró el sonido rítmico y machacante que hacía mi hermano al herir las teclas de una recién estrenada
Olivetti Lettera 40. En sus descansos de las clases de mecanografía, me sentaba frente a la inmensa (así me lo parecía) máquina y escribía frases cortas usando los dedos índices de las manos. Cuando cogí soltura, empecé a construir mis
primeros cuentos breves, herederos de aquellas historias fantásticas de la infancia.
A los 15 años terminé mi primera novela, con argumento policiaco, quizás influido por la pasión que sentía a esa edad por las pesquisas de Sherlock Holmes y, sobre todo, por las aventuras de
Los Cinco, escritas por Enid Blyton, y otras historias de detectives adolescentes. A los 17 puse sobre el papel las vicisitudes de mis abuelos durante la contienda civil del 36:
La guerra que nos separó. Algún día tendré que retomar el proyecto.
Y cuando creía que mi amor por la escritura era algo íntimo y personal, llega a mis manos un folleto con las bases para un
premio literario de narrativa gay, organizado por
Odisea Editorial. Había escrito una historia desgarrada que se ajustaba a lo que el galardón exigía, así que lo envié. La novela se llama
Te esperaré, y no sólo cambió mi vida. Me consta que ha cambiado la de muchos otros. Lo que vino después es mucho más público y notorio.
Tomás Ortiz